domingo, 30 de enero de 2011

Miguel Strogoff

Este personaje nacido de la pluma de Julio Verne se me aparece hoy tras planear el día de mañana. Strogoff tiene que viajar a través de la casi infinita Rusia para advertir al Zar de una futura invasión. Viaja a través de frías estepas junto a su amada Nadia, quien le ayuda a concluir su misión tras quedar aparentemente ciego (al final se descubre que no lo estaba) tras un castigo impuesto por sus adversarios. Después de organizar las múltiples conexiones de autobuses que tengo que tomar mañana en mi cabeza quedan un batido de nombres como la Sunland con la San Fernando; la Cahuenga con la Barham; la Sunset con la Highland; la Hilgard con la Charing Cross; y, entre muchos más, el olímpico final de la Roscoe con la Louise. Destino donde termino cada día con los huesos enfadados y las rodillas pidiendo explicaciones a tanto ajetreo.

Yo también voy ciego, entre avenidas que se me imponen como gigantes que juegan conmigo al tú la llevas. Mi única referencia a la cual me entrego, como nuestro héroe ruso a Nadia, son las conexiones que anoto en el cuaderno de recetas que me escribió mi madre. Así que entre un ostentoso conjunto de comidas, a las que no voy a pegar bocado hasta volver a España, leo las rutas que he de seguir entre salivajos de deseo.

El Viernes conocí a Antonio. Un mejicano muy amable que conducía el autobús hasta North Hollywood, donde debía cambiar al tren para seguir mi camino. Este chaparro con lengua de filósofo me estuvo ilustrando sobre la estructura de las avenidas angelinas, un sistema creado hace cientos de años cuando llegaron los españoles. Cuando llegamos a América hicimos gala de la chapucería hispana. Organizamos las calles al estilo romano, con sus cruces de norte a sur o este a oeste, solo que en vez de fijarnos en un mapa lo hicimos en los cerros que rodean el Valle de San Fernando. Por lo tanto en este área es difícil situarse pues no es muy fiable la dirección. Ya que los cerros no están exactamente al sur, o al norte. Sin embargo en la propia ciudad de Los Angeles los primeros gringos que se asentaron se encargaron de arreglar nuestra equivocación organizando su estructura sobre una rosa de los vientos correcta.

Antonio me animó a que estudiase bien el mapa de Los Angeles y así me evitaría muchos problemas, porque sabiendo bien donde se ubica el Norte o el Sur es fácil llegar a casa. Estuvimos teniendo una conversación agradable desde que reconoció mi acento hasta que nos despedimos en North Hollywood Station. Me explicó su experiencia como inmigrante ilegal en los años 70, por lo visto tiempos prósperos para la rica California. Ya son varias las personas que me cruzo en el camino que cuando hablan de esos años, vaya, parece que recuerdan el día que nacieron y vieron la maravillosa luz por primera vez. Tuvo que ser genial, no lo dudo.

Ahora los inmigrantes, sobre todo latinos, andan bastante perdidos en sus vidas. Un gran porcentaje, según confiesa Antonio, son casi analfabetos que acaban formando parte de las bandas. Él se mostraba muy orgulloso de su hijo, que decidió abandonar la calle para estudiar en la Universidad. No me extraña nada que eligiese ese camino, su padre gozaba de una cultura envidiable. Y como dice el refrán, de tal palo...

jueves, 27 de enero de 2011

Rosales que pinchan con amor

Llevo dos semanas y media en tierra de inmigrantes y pioneros. Cada día tatúa en mi piel nuevas experiencias, algunas veces marcadas con el dolor; aunque es ese tipo de sufrimiento que va cogido de la mano de la satisfacción, pues cada tropiezo que voy pegando es un grano de arena más al aprendizaje. No paro de sorprenderme a mí mismo por la voluntad que empeño en conseguir mi objetivo principal, encontrar un empleo en el que sea valorado.

Hoy el destino me ha ofrecido en bandeja una nueva oportunidad, una entrevista de trabajo. Aunque al principio me asustaba el hecho de que fuera telefónica, pues mi nivel de inglés en ocasiones parece haber nacido en los suburbios; eso junto a la falta de personalidad de este modelo de citas me inquieta. Aunque de todo se puede sacar provecho, por lo que el no estar delante de unas personas me ha facilitado prepararme un guión previniendo sus preguntas y así ganar confianza en cada contestación. El sabor que se me ha quedado en la boca ha sido bastante dulce, aunque ya he aprendido que detrás de una buena sensación vienen posibles decepciones. No debo idealizar emociones y seguir como si hoy no hubiese sucedido nada extraordinario.

El trabajo tiene lugar en Florida. Así que en la posibilidad de ser elegido tendría que mudarme allí. No es un problema, al fin y al cabo aún ni siquiera sé dónde voy a echar raíces algún día. El ambiente laboral que me han descrito viene envuelto en un clima de creatividad y exigencia que me excita. Ya les he dicho que me encantan los retos y veo esta oportunidad de trabajo como un desafío delicioso. Cada vez tengo más claro que ante situaciones extremas es cuando mostramos nuestro verdadero espíritu de lucha, y así conseguimos evolucionar.

No quiero levantarme un día y que la decepción por no ser elegido me derrumbe. Así que ya me he preparado una lista de tres productoras en el área de Hollywood a las que me acercaré mañana. Hay que olvidarse del pasado y si me fuerzas hasta del presente, porque esperar puede convertirte en un tiburón muerto.

Google es increíble. Cada vez que trato de guiarme en sus aplicaciones me sorprenden más y más. El primer día que cogí el autobús me metí en la página del servicio público de Los Angeles. Por su puesto me volví loco ante la presencia de mil líneas de colores que se cruzaban entre sí y solo servían para alimentar mi confusión. Pues esta maravillosa página te permite escribir dos direcciones y guiarte por la ciudad, mostrándote los autobuses y trenes que hay que coger con sus transbordos inclusos. Así que mañana me expondré de nuevo a los autobuses y trenes que tanto asustan con sus líneas de colores. Al final no es para tanto, además el autobús recoge a los personajes más excéntricos de Los Angeles. El otro día, cuando me perdí, se sentó a mi lado una chica que iba bastante drogada. Su comportamiento surfeaba entre la risa, el enfado y una angustia que casi la invitaba al llanto. Gritaba y se metía con todos los que encontraba en su camino, yo estaba sentado justo al lado de ella pero por lo visto no era objeto de su locura. Me encantaba su voz, me recordaba a esas grandes cantantes de soul cuyo tono de voz te estremece.

El martes estuve en el Océano. No sabía si reír, llorar... ¿Cómo se supone que se comporta uno cuando ve cumplir sus sueños? En serio, verme rodeado de esas playas infinitas; músicos ambulantes; patinadores y tanta gente libre alrededor. Me tuve que sentar en un banco al final del muelle durante un momento para intentar entender qué caminos me han traído a vivir esta aventura, con el Océano desplegándose tranquilo y dócil delante de mis ojos. He soñado millones de veces con esta experiencia y, cuando estaba viviéndola, me daba miedo no llegar a entender todo su significado. De hecho creo que hasta que no cumpla muchos años más y todo esto sea un recuerdo, no conseguiré comprenderlo. No podéis imaginar las risotadas que me pego cuando de repente descubro que estoy en traje paseando por Hollywood, con un maletín que contiene papeles con direcciones; una cámara de fotos; un libro; y, obviamente, tres o cuatro sobres donde guardo los currículum. La atmósfera surrealista que envuelve todo esto puede conmigo. Porque además voy siempre solo. No tengo amigos ni nadie con quien reírme y compartir esos momentos, ¿y a quién le importa?

Lo que más me asusta es que en Abril todo se acaba y odiaría volverme a Murcia con la decepción de no encontrar respuesta a mis inquietudes. Aún me quedan muchos días para pensar en ello, aunque supongo que será normal pensar en esto de vez en cuando. Al fin y al cabo el ser humano es miedoso por naturaleza, pero para eso está la fuerza de cada uno de saltar con los ojos cerrados a lo desconocido. Una frase que me encanta de Jack London y que intento tener presente cada día, "vive como si no existieras".

martes, 25 de enero de 2011

El dólar de la suerte

Hoy ha sido un día demoledor. De esos que conformen te van cayendo las desgracias piensas que qué habré hecho yo para merecer esto. Todo ha empezado a las 16.00 de la tarde aproximadamente. Después de un día estupendo por Santa Mónica, donde me he desecho de dos currículum, y de disfrutar del olor del Pacífico en primera persona, he cogido el autobús de vuelta a casa.

El primero lo he agarrado en la misma playa, donde un conductor Rastaman me ha explicado perezosamente donde debía realizar el cambio de autobús para seguir mi destino hacia Northridge. Lo que yo no sabía entonces es que ese hijo del Jah iba a ser en parte el culpable de mi penitencia. Yo me he confiado a su buena palabra, pues me dijo que me avisaría donde debía descender del auto. Tras una hora dentro de esa lata llena de gente malhumorada al salir del trabajo, en una de las paradas, me he levantado para preguntarle al rasta cuanto falta. En cuanto me ha visto por el espejo retrovisor he podido observar como se echaba las manos a la cabeza, en ese gesto tan característico de "Qué hace este muchacho aquí todavía". A buen entendedor pocas palabras faltan y he hecho lo que hago en momentos de nervios, reírme sin control. El rastafari me ha dicho que me de la vuelta cogiendo el autobús que corre en dirección opuesta, y así he hecho.

Para que vayamos entrando todos en materia añado que me quedaban en ese momento justo cuatro dólares. El dinero necesario para agarrar dos autobuses que me llevarían directo a casa, por lo que, confiando en el equilibrio y el comportamiento natural de las cosas no estaba nervioso. Claro que conmigo nunca se sabe, y creo que de eso ya me tendría que haber dado cuenta.

Cojo el primer autobús y, por lo visto, me he debido bajar a una distancia poco recomendable de donde tenía que coger ese segundo autobús. Estaba en Wilshire Blvd. Una zona de gente tan rica que se descubren por un rayo de materialidad que les permite desarrollar solo una característica humana, la estupidez. He sentido que la gente me tenía miedo cuando me acercaba a hablar con ellos. Hasta que una buena mujer, tan vieja que no le importaría morir ante un extraño como yo, se ha dignado a decirme que la estación más cercana estaba a una milla. Me ha recomendado coger el autobús pero mi pobreza me ha hecho irme andando. Cuando llevaba andando lo correspondiente a una milla, he preguntado a otro señor cuando faltaba para llegar a Roscoe, mi destino. "Una milla, pero si usted quiere ir a Northridge va en dirección contraria amigo". Además la explicación venía acompañada de la fatalidad, porque ahora debía coger un autobús y dos trenes para volver a casa. Me he dado la vuelta y he seguido haciendo gala de mi nerviosismo con una risotada tremenda.

Como yo nunca tuve anillos me he lanzado a la limosna. Me he metido en una tienda de decoración de alto nivel y he preguntado por unos billetes de esos con la cara de Franklin. He conseguido 50 céntimos y una cara de asco hacia mí que me ha llenado de orgullo. Son los primeros céntimos que gano en suelo americano, cada vez queda menos para cumplir el sueño. Tenía tres dólares que me permitía coger el primer autobús y dejar el problema para el Zafrilla del futuro, se iba a enterar ese pobre diablo.

Todo el viaje he ido con seis sentidos en la carretera. El más mínimo error ya si que me podía dejar fuera de combate. Es cierto que podría haber llamado a Roy o a algún amigo, pero con 23 años y unos cuantos viajes encima ha sido el propio orgullo el que me ha animado a seguir. Además lo reconozco, me encanta perderme en el extranjero y verme al límite.

Al llegar a la estación de metro he roído otros cuantos céntimos hasta llegar al dólar, deshaciéndome en halagos y gracias a las buenas almas que me han ayudado. Y así es como he conseguido llegar desde Western Avenue hasta North Hollywood, donde debía mendigar por última vez y así llegar a mi deseado y cada vez más cercano final.

Al llegar a North Hollywood, cogiéndole el gusto y perfeccionando la técnica, he vuelto a poner cara de Oliver Twist y a relucir mi condición de inmigrante europeo. Aunque esta vez he estado más de media hora recibiendo negativas. Nadie tenía dinero allí, he preguntado a viejas; hombres mayores; jóvenes. Y es que pedir un dólar y medio por toda la cara hasta a mí me estaba pareciendo ya una sobrada, y si yo no me lo creo la persuasión pierde fuelle. Esto ha sido cuando me he sentado en un banco y me ha dado por fisgonear en mi monedero, en un primer momento lo he hecho por dejar pasar el rato y ver si se me ocurría algo. Entonces ahí estaba.

Este verano estuve en Turquía. Un día, paseando por Trabzon con unos amigos, pasaron en un Cadillac una pareja de jóvenes que se acababan de casar. En este país es de costumbre, por las clases altas, regalar dólares a gente por la calle. Pues imaginaos a quién le dieron ese dólar de los tres que íbamos caminando. Sí señor, a este menda. Así que lo guardé en un bolsillo de mi monedero donde guardo cosas de valor sentimental. Cuando me lo dieron, que ni siquiera sabía que vendría aquí, pensé que iba a ser mi dólar de la suerte. Pues el destino tiene manos ociosas y efectivamente ese dólar me lo ha cambiado un tipo en la estación por una moneda de dólar y medio, valida solo para los autobuses porque no existe dicha moneda en el comercio.

Así que al final he llegado a casa a las 10 de la noche, con los ojos rojos de cansancio y doliéndome cada fibra de la cabeza a los pies. Este post es solo para contar esta anécdota y ya mañana contaré como me fue el día en Santa Mónica, que fue muy memorable.

Pd: Al llegar a casa me había dejado las llaves dentro

sábado, 22 de enero de 2011

De carne y hueso

Aquí sigo en California, aunque parezca que por la falta de continuidad en las entradas del blog haya caído en manos del olvido. Justo antes de empezar a escribir lo que ahora estás leyendo estaba relajándome junto a una Budweiser y escuchando un poco de música folk americana, no puedo parar de escuchar a Bob Dylan. Mira que no entiendo la mitad de lo que dice, pero su música es pura fantasía y confío en sus palabras plenamente. Además, me compré en la tienda de Umberto un libro llamado "The Dylan Companion". Me costó un dólar, increíble.

Llevo un par de días metido en una habitación debido a que por la falta de transporte no puedo hacer otra cosa. Creedme que tampoco ha sido en vano y, aunque esté cerca del límite, estoy contento y me mantengo positivo. Es muy producente alejarse del contacto con otras personas, al final llegas a conocerte tanto que hasta al mirarte al espejo crees que estás viendo a un extraño. Al menos me estoy dando cuenta que no es tan difícil vivir conmigo mismo. Me tiro casi 24 horas al día en mi única compañía y aún no me he tirado de los pelos. Cuando me hastío de la comparsa del día me duermo y así me alejo durante unas horas de mi existencia.

Es curioso como una persona se va moviendo por su vida, es difícil darse cuenta debido a que cambiamos regularmente pero fijaos los caminos que hemos recorrido. Las veces que cambiamos de idea. Nuestra propia filosofía y leyes que seguimos en nuestra conducta son realmente interesantes. Por ejemplo, hace unos años solo escuchaba música rap. Me parecía que escuchar otro tipo de música era faltar el respeto a mis creencias y ser hipócrita. Ahora raramente escucho ese tipo de música y tampoco creo que haya cometido ningún pecado capital. Es un simple ejemplo, en las cosas más sencillas es donde se descubren los grandes cambios. Hay gente que tiene miedo al cambio, miedo ha estar en manos de algo desconocido y perderse por ese nuevo territorio vasto y salvaje como es lo que desconocemos. Lo que está fuera de nuestra Razón es una amenaza y nos sujetamos fanáticamente a otras ramas más estables. Saltar al vacío no es ningún error, y si no lo haces en el momento adecuado luego puedes encontrártelo lleno.

No sé si es el aroma de California lo que me hace pensar en estas cosas últimamente. Debe ser que en los átomos del aire que respiro aún queda un poco de esa magia verde que flotaba en los 70.

Cambiando de tema. El lunes voy a alquilar un coche. Ya he visto una empresa que tiene programas para ayudar a aquellos que quieran alquilar autos no solo para una semana, como un turista común. Ya me he hecho una lista de productoras a las que voy a acudir personalmente pidiendo entrevistas. Entre ellas se encuentran algunas manejadas por españoles, por lo que si se realiza la entrevista en castellano tendré más oportunidades. Al fin y al cabo capacitado estoy para trabajar, solo falta que me necesiten.

A parte ya he concertado una entrevista con Mark Funhouser, director del Institute of Art of Los Angeles. Me comentó que me ayudaría con todo el papeleo conveniente para regular mi situación legal en los Estados Unidos. Tengo que ver si existe algún programa de estudios especializado en mi área de trabajo, no un estudio universitario de cuatro años al modélico precio de 30.000 dólares al año. Como están mal acostumbrados estos americanos.

También he mirado ya estudios en Los Angeles City Collegue. Donde creo haber encontrado un programa de estudios adecuado a mis necesidades. La formación es en la producción de cine y televisión, la especialización en cada área depende del estudiante, y los precios son asequibles. De hecho es la universidad a la que suele ir la gente de nivel medio y, por lo que he leído en los foros, los profesores son muy profesionales. Esta es la opción que considero ganadora.

Ayer entré en contacto con Jose María, un profesor de inglés en la ciudad. Me pasó el programa y los precios, donde va incluida la vivienda en unos dormitorios cercanos a la escuela, y es bastante sugerente de igual modo.

En todo caso, este lunes en cuanto consiga el carro podré moverme libremente por la ciudad; trabajar finalmente en el Popeyes; y, al fin, salir de Northridge donde estoy viviendo mi propio Folsom Prison Blues.

jueves, 20 de enero de 2011

Súbele las faldas a California y fóllatela

Hoy he estado reunido con el Cónsul. Me he puesto de traje y con mi elegancia huertana he subido a la suite 860 de Wilshire Blvd. Desde luego está claro que para que te tomen en serio un plumaje de Easy Wear y zapatos Emilio Tucci te dan una seguridad que hasta hace que te lo creas. El hábito no hace al monje aunque ayuda. Así que la teoría de Barney Stinson es fiable, suit up!

Mi conversación con él, al menos a mi parecer, ha sido innecesaria. Ha servido para reforzar la realidad de que mi estancia en este país es transitoria, al menos en este primer contacto. No hay posibilidad de ampliar la Visa. Así que como el título del blog reza...

Cuanto antes voy a alquilar un coche. De este modo podré empezar a trabajar en el Popeyes y conseguir la plata que necesito para mi plan B, al que afortunadamente se ha apuntado mi padre. Además ha cogido un color muy atractivo a los sentidos este viaje. Se trata de alquilar una Volkswagen que una agencia angelina destina principalmente a surferos que quieren recorrer la costa del Pacífico buscando grandes olas. Nosotros queremos hacer nuestra ruta personal por el Far West y ver qué nos puede ofrecer estas tierras.

Así que habrá que preparar toda la memoria necesaria para almacenar gigas y gigas de vídeos y fotos.

Esto quiere decir que el 5 de abril estoy en Murcia y me quedaría hasta Septiembre, que vendría a Los Angeles de nuevo con un visado de un año y con una conciencia mayor de lo que puedo conseguir aquí.

El problema de esta ciudad es obvio, sin coche eres cojo. El servicio de transporte público es paupérrimo y a no ser que vivas cerca de donde trabajas no se puede permitir uno vivir en esta costosa ciudad.

Así que esta es mi historia hasta ahora y así se la he contado querido lector. Ahora empieza la época de trabajar y divertirse. No necesariamente en ese orden.

martes, 18 de enero de 2011

Futuro incierto para los planes de hoy

Nota principal para el que viaja sin destino fijo ni un camino marcado: cualquier cosa que puedas planear, cualquiera, cambiará sin dudarlo. Así que nada que te suceda merece la más mínima preocupación. Si no se sabe que hacer lo mejor es confiar en una señal, a lo largo del día siempre sucede alguna cosa que puede cambiar el rumbo de tu vida. Puede ser nada más levantarte, después de comer o incluso sobre la taza del water. Hay que estar atento para entender dicha señal y saber descifrarla. Hoy he tomado una decisión, un plan B. Si no consigo ampliar mi Visa y a los tres meses voy a tener que volverme a España, qué carajo, me largo. Porque uno va por delante de cualquier obstáculo y ante la adversidad hay que encontrar puntos de fuga. Así que mi idea es la siguiente: trabajaría un mes y medio o dos meses para conseguir dinero suficiente para vivir un mes sin trabajar y gastando. Alquilaré una furgoneta que será mi casa, durante un mes estaré viajando por el Far West en busca de aventuras. No es necesario que un coyote se te aparezca en sueños y te haga una revelación, a mí se me ha ocurrido leyendo el Marca online.

Desde entonces no puedo dejar de soñar, tanto que casi deseo que no me surja ningún oficio. Aunque como ya voy aprendiendo esas decisiones ya es hora de tomarlas con la cabeza y no con el corazón, así que si me sale empleo lo cogeré; para lo otro siempre se está a tiempo. Al menos hasta la muerte.

Aunque qué queréis que diga, ya me imagino viendo un atardecer en el Pacífico; conduciendo por una carretera sin límites al horizonte; conociendo gentes en cada parada y compartiendo risas con ellos; jugando al póker en Las Vegas; o tomando un baño en el río Colorado. No sé qué clase de problema debo tener que además, excepto con las gentes y Las Vegas, el resto me imagino haciéndolo desnudo. Tengo unas ganas febriles de hacer todo eso despojado de mis ropas.

Como ya me registré hace unos años en la Asociación Internacional de Soñadores Naturales, el AINS!, sé que la historia suele acabar con dicha interjección. Por lo que su incumplimiento o, en su caso, variación de la fantasía está completamente contemplada. Pero bueno una de las ventajas de pertenecer a dicho club es que los días son más interesantes.

Hoy he recibido un correo inesperado; de Pilar Barbero, International Trade Advisor. En este email se me advierte de diversas productoras que pueden estar interesadas en alargarme la mano y aceptarme en su equipo. Ya he mandado mensaje a la que más interés me ha creado. Se llama Arenas Entertainment y su filosofía me ha atraído. Dicha empresa está formada por latinos, el gerente Santiago Pozo es español, y sienten preferencia por la gente de su misma latitud. Así que les he enviado una serie de palabras empapadas en alcohol, a ver si la borrachera de alabanzas hacia su empresa los hace ruborizar e inclinarse hacía mí en señal de deseo. Suele pasar con las mujeres, el alcohol te convierte en un dulce pecado. A la mañana siguiente el etílico poeta muere y marchan, como los atunes, a aguas más tranquilas. A ver si cae alguna oportunidad por aquí que me permita demostrar lo que soy capaz de hacer por conseguir este sueño. Con paciencia y saliva...

Descartada queda la idea de estudiar en la Universidad, los 40.000 dólares que cuesta un solo año lo convierte en un plan estúpido e innecesario. A parte, si no viniese de una universidad privada aún podría planteármelo. Ya se ha gastado suficiente dinero para que un idiota tenga un coche nuevo cada año. Esa educación no merece tal gasto. El recurso no sería sino aplazar esta situación otros cuatro años más, a parte de la desaparición de mi estirpe. No hay suficiente pan y cebolla para la crisis que nos caería encima.

Eso me lleva a otra conclusión que saco de los Estates. Aquí la educación vale una cantidad horrible de dinero, por lo que solo los ricos tienen la posibilidad de formarse y ser más ricos. Mientras que los pobres, a no ser que sean grandes deportistas y eso es una minoría, seguirán siendo más pobres.

Es enero y hoy han hecho 35ºC. Con el calor han venido unos pequeños compañeros de habitación, los mosquitos. Otro entretenimiento más.

Como ayer escuche decir a Don Draper, "los peores miedos vienen de la anticipación". Por lo que seguiré esperando con los ojos bien abiertos a esas pistas o revelaciones, como quiera llamarse, para saber por dónde seguir.



21:50. Mientras veía un capítulo de Mad Men he visto una sombra al lado de la cabecera de la cama. Vaya, las arañas son grandes en este pueblo.

domingo, 16 de enero de 2011

Si me lleva el diablo que me lleve en coche

Salir a dar un paseo por el barrio te permite ver una serie de clichés propios de cualquier telemovie. Así que esta mañana me he lanzado a la calle y he tomado unos cuantos vídeos.


La anécdota más memorable ha sido cuando me he acercado a una Iglesia Presbiteriana. Desde fuera ya cumplía todos los requisitos de autenticidad, y ha sido cuando he mirado dentro cuando he empezado a pellizcarme por si, por descuido, aún estaba amodorrado . En su interior destacaba un hombre negro pegando gritos alabando el poder todopoderoso de Dios. Por supuesto este señor estaba acompañado de una cuadrilla de señoritas bien vestidas que le hacían los coros. Los responsables de dicho espectáculo, reforzado con un Power Point donde podías seguir la letra de las canciones, debían ser de algún país sudamericano. Irresponsable de mí se me ha ocurrido preguntar si podía grabar el interior de la iglesia, encendiendo la mecha de estos piratas espirituales. Al final, como era de esperar, han estado unos cuantos minutos intentando convencerme para pertenecer a su comunidad, diciéndome que junto a ellos tendría la oportunidad de reforzar mi alma y estar bajo la protección de Dios como si de un capo siciliano se tratase. Tras varios intentos diplomáticos de evasión el cerrar la boca y dar la espalda fue el más efectivo.


Al volver a casa e improvisado, ante mi asombro pues pensaba que era una locura, una comida mezclando plátano, fresas, manzana, mantequilla, tomates y pan componiendo un delicioso Kebab. De nuevo se demuestra que el ser humano es único adaptándose a su entorno.


Tras dos capítulos de Futurama tratando de que el colesterol no hiciera de las suyas me han llamado Valeria y Meira. Estas dos chicas cuya nacionalidad no voy a desvelar pues viene siendo evidente, me han adoptado esta tarde para enseñarme la ciudad. Así que me he montado en su coche y me han llevado de paseo por Northridge. Entre distintas conversaciones he sacado a la luz el tema de las armas en este país y del miedo de mis progenitores por la fama de pistoleros que tienen varios distritos de la ciudad. "Siempre me han atraído los barrios pobres y conflictivos, así que los de Los Angeles me gustaría verlos aunque voy a tener que resignarme", comenté sin esperar una respuesta como la que me dieron. "Vamos".


Pues sí, estas dos pendejas han conducido hacía Downtown y un servidor se ha paseado entre casas centenarias y calles ausentes de simpatía. Ahora que me ha encantado. Ha sido como un viaje por Disneyland donde Mickey Mouse se metía crack y Blancanieves era explotada en las esquinas por pequeños puertorriqueños.


Sinceramente ha sido emocionante ese viaje, además de quitarme una espinita clavada. Aunque me faltó llevarme la cámara.


Aquí pongo el link del vídeo que hice esta mañana:

http://vimeo.com/18862398